31/08/2014

Narcotráfico El año pasado capturaron a un hombre que iba en un Alfa Romeo. El golpe se lo habría encargado un capo colombiano a narcos rosarinos porque la víctima enamoró a su consuegra y la estafó.
Capo narco. Ignacio Alvarez Meyendorff, el día en que fue extraditado del país por pedido de la Justicia de EE.UU.
Blanco móvil. El auto donde fue acribillado Luis Medina y su acompañante.

Narcos colombianos aliados con narcos rosarinos. Lavado de dinero. Y dólares, muchos dólares. Esos son los condimentos de una historia que comenzó hace poco más de un año con un secuestro extorsivo concretado en plena Panamericana y, al pasar los meses, se fue convirtiendo en una investigación con derivaciones sorprendentes.

Por un lado, la víctima del secuestro –el joven financista y contador Diego Filo (28)– habría sido capturado para cobrar una deuda: medio millón de dólares de la sexagenaria consuegra del narco colombiano Ignacio Alvarez Meyendorff, a la que el joven enamoró (ver La relación de amantes……).

Por otro, la Justicia Federal de San Isidro investiga si para recuperar el dinero, los narcos colombianos contrataron como fuerza de choque a una banda de argentinos. La principal pista –que ya tiene dos detenidos y procesados– apunta a una organización del bajo Boulogne, especializada en robo de autos de alta gama.

¿Cómo llegaron los acreedores colombianos a contactarse con esta “mano de obra”? La pieza clave tiene nombre y apellido. Luis Alberto Medina (42), dueño de una agencia de autos de Rosario, empresario polirrubro ligado al narcotráfico y víctima de una vendetta narco: el domingo 29 de diciembre de 2013 –nueve meses después del secuestro de Filo– Medina fue emboscado y acribillado de 25 balazos.

En el ataque –ocurrido sobre un acceso a Rosario– también murió su joven novia, Justine Fuster (23), una incipiente modelo que consiguió hacerse conocida asegurando ser pareja del ex jugador Cristian “Ogro” Fabbiani.

Podría decirse que todo comenzó con una seducción en el año 2012. Por entonces, Diego Filo vivía en un departamento de la calle Pacheco de Melo 2420, en Recoleta, y tenía como vecina a la colombiana Millerlandy María Posada Moreno, una señora de unos 60 años cuya hija se había casado con Mauricio Alvarez Sarria, hijo de Ignacio Alvarez Meyendorff, detenido en la Argentina y extraditado a Estados Unidos por narcotraficante.

Fue en el marco de esta relación amorosa que Posada Moreno le habría dado a su amante cerca de medio millón de dólares para hacer inversiones. Pero algo pasó entre ellos y el dinero nunca volvió a manos de la mujer.

Fue así que a fines del 2012 Filo comenzó a recibir todo tipo de amenazas. Primero contrató un asesor de seguridad para que lo cuidara, pero luego decidió mudarse a un departamento del barrio Portezuelo, en Nordelta.

Los colombianos lo siguieron hasta allí y hasta intentaron, vía una pulposa y atractiva colombiana, infiltrar su seguridad.

Como no lo consiguieron, decidieron secuestrarlo. El operativo de captura se concretó a las 6.20 de la mañana del 17 de marzo de 2013.

A esa hora, Filo y su cuñado volvían a Nordelta por Panamericana, tras haber pasado toda la noche en el boliche Pachá de Costanera Norte. Allí su auto, un Alfa Romeo Mito, fue interceptado por un Audi Q5. Los secuestradores eran argentinos, pero durante las 28 horas en que Filo estuvo cautivo quienes le reclamaban por la deuda eran colombianos.

En la investigación del caso, a cargo de la jueza Sandra Arroyo Salgado y el fiscal Fernando Domínguez, se determinó que los llamados extorsivos que recibió la familia de Filo salían de celulares radicados en Colombia. Los secuestradores nunca hablaron de “rescate” sino de “pago de una deuda”, y en principio le exigieron a la madre de Filo –una mujer argentina– que viajara a Medellín y permaneciera allí hasta que su hijo entregara hasta el último dólar reclamado.

La mujer estuvo a un paso de tomarse un avión de la empresa Copa. Llegó hasta la sala de preembarque, en Ezeiza, pero la Policía la convenció de que no viajara. Pocas horas después, tanto Filo como su cuñado –que no tenía nada que ver con la cuestión– fueron liberados en la localidad de La Reja.

Lo que ocurrió es que, mientras estaba retenido, Filo les dio a los colombianos la llave de su departamento de Nordelta. De allí se llevaron, como parte de pago, 200.000 pesos en efectivo, 30.000 más en cheques, poderes de una sociedad panameña y extractos bancarios de Uruguay y Estados Unidos.

Aunque tanto Filo como la familia política de Meyendorff negaron cualquier conexión, muchos testigos hablaron de los negocios extraños de Filo, al punto que el fiscal Domínguez pidió que se lo investigue por lavado de dinero.

En paralelo, a través de análisis telefónicos, la investigación del secuestro llevó a la detención y el procesamiento de dos argentinos integrantes de una banda del Bajo Boulogne especializada en el robo de autos de alta gama, cuyos papeles eran falsificados en Rosario.

Según los datos que maneja la DDI de San Isidro, los secuestradores argentinos consiguieron el “trabajo” vía el empresario Luis Medina, luego acribillado. Un indicio cierto es que, durante el secuestro de Filo, la banda que lo capturó se comunicó 62 veces con un celular radicado en Rosario y ubicado muy cerca del country de Pilar donde vivía Medina.

F: clarin