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06 de octubre
El hecho ocurrió en un hotel de la ciudad de Cafayate, en el último turno de una joven masajista. El cliente, de Villa Devoto, se sacó la toalla quedó desnudo y, en un momento, intentó deslizar la mano de la masajista a sus miembro viril.
A lo “macho” total, el huésped, procedente del partido porteño de Villa Devoto, ingresó el lunes pasado, a diez minutos de las 20, a la sala de masajes del hotel Grace, ubicada sobre la ruta 40 a la altura del kilómetro 4.340, en la ciudad de Cafayate.

Apenas traspasó la puerta, el turista se quitó toda la ropa y se mostró desnudo ante la joven masajista de 26 años, quien le alcanzó una sábana a fin de que tapara sus partes íntimas, pero el huésped la revoleó a un costado y se quedó como Dios lo trajo al mundo.

La joven, según informaron fuentes policiales, le informó al cliente que no trabaja de esa manera, pero el huésped obvió sus palabras y se acostó en la camilla, boca abajo a la vez que hacía galas de sus glúteos en busca de impresionar a la joven masajista.

Pese a la incomodidad, la empleada cumplió con su función y comenzó a friccionarles las piernas, lo que hizo hasta llegar a los muslos. En ese punto, el huésped le pidió que no fuera tímida y que siguiera hasta arriba, pero la joven fue contundente y repitió que no iba más allá.

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En seguida, la masajista pasó a la espalda. Aquí, y luego de unos segundos, el huésped comenzó a gemir, como si estuviera excitado, según el relato brindado por la mujer, quien alegó que en todo momento trató de mantener la distancia e hizo oídos sordos a las insinuaciones del sujeto.

Llegado el momento, el huésped se volteó y quedó de frente a la masajista, sin taparse sus partes íntimas. La joven, entonces, comenzó a masajearlo en el sector del cuello, oportunidad en la que el cliente tomó una de sus manos y la deslizó hasta su pene, pero la joven la retiró.

“Comportate como una buena salteña y haceme disfrutar”, propuso en ese instante el huésped, quien siguió con sus insinuaciones. Incluso, llegó a ofrecerle a la joven triplicar el pago de sus servicios si accedía a cumplirle su fantasía sexual.

La situación se tornó insostenible, por lo que la joven echó a llorar y salió de la sala en busca de ayuda. Sin embargo, en los pasillos no encontró a nadie, sino hasta llegar a la recepción, donde encontró a un hombre. Allí, la masajista se encerró en un baño y se puso a llorar por el estado de shock en el que se hallaba.

El huésped, en tanto, salió del spa, firmó el libro de registro de servicios y se retiró a su habitación. Por lo averiguado, el acusado había llegado junto a otros ocho amigos, con quienes visitó distintos puntos turísticos, entre ellos Cachi, tras lo cual se marchó del hotel.  

f:Informatesalta