Por Jorge Asís para JorgeAsísDigital

25/05/2019

El Ángel Exterminador corta últimas cintas mientras La Doctora se sienta en el banquillo.

 

Escritor – Periodista

 

Escribe Oberdán Rocamora

Redactor Estrella, especial

0002375885

 

“Esto no es para ansiosos, es para perversos”.

Wilde

 

“Arranca siempre mal pero después lo acomoda”.

 

Pero presidir la nación no es como presidir Boca Juniors.

 

Tampoco puede compararse con la jefatura del Maxi Quiosco (Artificio Autónomo de la Capital).

Es el cuarto año ya y no pudo “acomodarlo”. Es cierto: en la Argentina todo termina invariablemente mal. Asís.

 

Sólo si sobrevive a la próxima semana, Mauricio Macri, El Ángel Exterminador, podrá consolidarse como candidato a la reelección y asomarse al riesgo milagroso de perderla.

 

Aunque contenga, a su favor, la potencia del Estado y la caja del Gorro Frigio.

 

Ahora debe enfrentarse al veredicto inapelable del señor Zapata. Con los números desgarradores que legitiman la prudencia del pensador Jaime Durán Barba, El Equeco.

 

Tal vez sea el turno de la placidez del renunciamiento. La envoltura de una acción de estadista monumental, en una sociedad de ingratos.

 

Para hacerse cargo de «la magnitud de la crisis». Asumir el costo del fracaso y conservar, para su capacidad ambulatoria, la banca de senador.

 

Los números de Zapata y del Equeco son probablemente más crueles que los elementales reproches que emanen de la Convención Radical.

 

Es el partido resucitado que planifica emerger con la renovación aportada por el radical flamante.

El indemne Martín Lousteau, Personaje de Wilde. Compañero plantado de fórmula de Sor Vidal, María Eugenia, La Chica de Flores de Girondo.

 

El catalizador

 

Nada nunca es necesariamente como aparenta.

 

Detrás de las sonrisas suelen ocultarse las sospechas. El temor elemental a la traición.

 

El aliado es el sospechoso que puede favorecer al adversario. O peor: ser funcional.

 

En el vigente tramo de la política, los protagonistas saben apostar en dos o tres ruletas simultáneas.

 

En la atmósfera previsible, impactó la imprevisibilidad de La Doctora.

 

Alteró los tableros al colocarse como vice de Alberto Fernández, El Poeta Impopular. Para transformarse en el catalizador que aceleró el proceso de las otras estructuras, al someterlas a la situación límite de las decisiones.

 

Con la «sinceridad» selectiva de un libro intenso, una fotografía peronista en Matheu, y un video casero divulgado en la red social, La Doctora acaparó la centralidad y redujo los plazos de los adversarios lerdos.

 

Mientras tanto, en simultáneo, debe pagar la factura de su propia decisión.

 

Alberto le resultó útil para descomprimir el universo púdico de la moderación.

 

La manera de autocriticarse fue peligrosamente ejemplar. Consistió en nominarlo.

 

Ahora le resta contener al “frepasito tardío”. El fenómeno de retórica izquierdosa que supo acompañarla en la deriva autoritaria que se dispone, de pronto, por absoluto pragmatismo, a superar.

 

Al desplazarse hacia el centro, La Doctora clavó la estaca de la incomodidad en el entrevero de Alternativa Federal.

 

El disidente Peronismo Perdonable, que se diferenció del kirchnerismo cuando estaba en el poder. Y que se diferencia del cristinismo, en la oposición al Tercer Gobierno Radical, que preside el Ángel, en pleno desgaste.

 

Debía lucirse el Ángel con el corte de cintas de expresivas inauguraciones, mientras La Doctora padecía en el banquillo, como acusada del pecado de la corrupción.

 

Pero el símbolo del banquillo, en la patología, se impone sobre los aplausos servidos en los cortes de las cintas.

 

Las Rotondas

 

Aquí Sergio, Titular de la Franja de Massa, se enfrenta otra vez a La Rotonda.

 

Se le abren diversos caminos y debe optar por uno. Pero tiene experiencia en apostar en mesas simultáneas.

 

Si opta por el camino del acuerdo con el Frente Patriótico (donde lo esperan), el camino de la Alternativa se acaba. Como alguna ruta de Lázaro.

 

Consiste en asociarse con el PJ Matheu. Junto a Unidad Ciudadana (el frepasito tardío de La Doctora), para encantarse con el espejismo de la gobernación de Buenos Aires.

 

Como le piden a Massa tantos gobernadores enrolados en el “patriotismo”. Quieren tenerlo como par.

 

El impulso de vencer a Macri, en primera vuelta, legitima, en Massa, el “arreglo con La Doctora”.

Pero lo deja en soledad a Juan Manuel Urtubey, El Bello Otero. Es quien confía en la propia instalación. En la ofensiva planeada para los 20 días anteriores al comicio.

 

Mientras tanto Urtubey soporta, sin brindar mayor atención, las seducciones mediáticas del TGR. Con señales de captación. Es otra mesa.

 

Los otros dos protagonistas de la fotografía de Seita no están para ilusiones presidenciales.

En efecto Miguel Pichetto, El Lepenito, mantiene el reloj en contra. Le «marca las horas» como en el bolero. Debe precipitarse en su propia Rotonda.

 

El camino más confiable lo lleva a Pichetto hacia la reiteración del senado por Río Negro.

Con la ayuda del gobernador Weretilnek, puntualmente despachado hacia alguna embajada. Para regocijo del Ángel. Es quien califica al Lepenito de estadista.

 

Otro camino lo conduce a Pichetto al destino de compañero de fórmula de Roberto Lavagna, La Esfinge.

 

Nuestro Adenauer Lavagna es el fervoroso partidario del consenso perfecto, pero alrededor de su figura exclusiva.

 

Consta que La Esfinge se deslizó por la madurez de la adolescencia política. Maltrató al cuarto protagonista de la fotografía, Juan Schiaretti, El Aleph.

 

La Esfinge le rechazó al Aleph el mecanismo de las obligatorias PASO. La confrontación con Sergio y Urtubey.

 

Para la televisión, en la noche, La Esfinge dijo que Alternativa Federal era un camino cerrado.

Por la mañana dijo para la radio que el camino estaba abierto. Al cierre del despacho, el camino está otra vez clausurado.

 

La Esfinge debió comerse un elegante reto del Pichetto Estadista.

 

“Roberto, usted no debe pelearse con Schiaretti, y sepa que Sergio y Juan Manuel tienen derecho a competir”.

 

Aparte, La Esfinge demostró una extraordinaria capacidad para hacer milagros.

 

Por ejemplo presentar, para un espacio progresista, a Luisito Barrionuevo, El Bandeja. A Armando Cavallieri, Líder de las Puntillas. A Andrés Rodríguez, El Ecuestre.

 

Junto a la señora Margarita Stolbizer, La Vecina Ejemplar, y Miguel Lifschitz, El Mormón del Socialismo.

 

Consta además que Carlitos Spadone, Gran Paletero de Beijing, le cedió a La Esfinge un piso de 600 metros. Para que su hijo Marcos patinara con los nietos, junto al Tigre Hourbeit, El Gabellista.

Son los encargados de transformar al Bandeja en un cultor sorprendente del progresismo.

“Roberto, si va con los socialistas, con radicales y con Margarita tiene un techo de 8 puntos”, cuentan que le dijo Lepenito El Estadista.

 

Suficientes puntos para conmover a Rogelio Frigerio, El Tapir.

 

Aunque La Esfinge saque el 70% de los puntitos de la pecera de Macri.

 

Como le rapiña 5 puntitos al Ángel el liberal José Luis Espert, Padrino de Milei.

 

Pero son votos que pueden volver en la segunda vuelta, siempre y cuando exista.

 

Nicho o tierra

 

Mauricio, hasta hoy, trata de evitar las opciones fatales. Como Nicho o tierra.

 

Insiste en la causa perdida de consolidar la candidatura que se diluye. Para cumplir, constar en actas.

 

Acostumbrado a ganar en la milonga, secretamente contiene los deseos de acabar con la maldita pesadilla.

 

La presidencia deriva en un fracaso banal. La nación infortunadamente no es Boca ni es el Maxi Quiosco.

 

El extendido Plan V, a pesar de la lealtad de Sor Vidal, lo mantiene cercado.

 

Más grave que la desdicha de las encuestas es el esmerilamiento cotidiano. En caravana florecen los radicales que lo quieren correr.

 

“Si estaban en el cajón, los sacamos del velorio y los llevamos al gobierno”.

 

La prepotencia de Cornejo, El Guapo. La postergada audacia de Cobos, El Cleto. La insolencia paternal de Duhalde. Los Buscapinas de Wall Street.

 

Pero irrita el silencio cómplice de los suyos. Los que no se atreven a pedirle “que se baje”.

En la práctica, quien sostiene los trapos agujereados del Ángel es Marcos Peña, El Pibe de Oro. Reproduce el optimismo artificial hasta en las reuniones del gabinete.

 

Para inspirarse Marcos recurre a los datos piadosamente auspiciosos que el ministro Dujovne, El Youtuber, utiliza para entusiasmar al Ángel.

 

Sin asistir al gabinete perdura otro pilar con escasos restos de equilibrio. La señora Elisa Carrió, La Demoledora.

 

Se demuele La Demoledora con la virulencia similar a la que utiliza el Ángel para exterminarse.

En su descenso, la desgastada Demoledora transformó la valentía de su fuerza en el ridículo misericordioso. Alcanzó el cenit durante la experiencia desventurada de Córdoba.

 

Entre los tres -Peña, Dujovne y Carrió- le brindan al Ángel migajas del positivismo inútil hasta para negar la realidad.

 

Pero si sobrevive a los embates de la próxima semana el Ángel va a consolidarse como el candidato presidencial. Para repetir la experiencia de Boca y del Maxi Quiosco.

Para “acomodar”, de una vez por todas, el destino de la gran nación. «Sin atajos».