La inflación llevó en los últimos meses a gran parte de este universo a reemplazar hábitos y a bajar hasta 30% el consumo en taxis, peluquerías y restaurantes; la salida al cine, lo único que crece

Una buena parte de la clase media argentina ha debido reacomodar su presupuesto, al punto de que gustos que antes podía darse de manera habitual se han convertido en poco menos que un lujo. Todo parece estar dándole la razón a Antonio Caló, líder de la CGT oficialista, que planteó el jueves la raíz del problema: “La economía está estancada”, dijo, y agregó que la inflación era el impuesto que más perjudicaba a los trabajadores.
La lista de los gastos resignados es larga, pero entre los más mencionados están las salidas a comer, el taxi y las visitas a la peluquería. La excepción parece ser el cine, que en 2012, ayudado por las promociones y el furor por la tecnología 3D, registró la mayor venta de entradas del último cuarto de siglo.

Es obvio que tanto recorte ha afectado a quienes viven de esos sectores. “La situación es complicadísima”, dijo un importante empresario gastronómico con varios restaurantes en la Capital Federal. “Por la inflación, a nosotros nos suben los costos, pero a su vez la gente tiene menos poder adquisitivo y, por lo tanto, también cae el consumo”. Según él, en los últimos meses el consumo en restaurantes se redujo 30%, “y eso que el año pasado fue malo”.
El presidente de la Asociación de Patronos Peinadores y Afines (Appya), Gabriel Dalto, que agregó: “Se siente la disminución de trabajo, ha mermado el público. La mujer que antes iba una o dos veces por mes a la peluquería ahora viene cada 45 días, y lo mismo pasa con los hombres”.
La tarifa de los taxis porteños es 25% más cara que en el primer semestre de 2012, lo que ha llevado a muchos a utilizarlos sólo en casos excepcionales. “La cantidad de viajes bajó muchísimo, mínimo un 30 por ciento”, dijo, off the record, el dueño de un taxi, que asegura que la caída empezó incluso antes del último ajuste de las tarifas, a fines de octubre. “Todos los taxistas comentan esta situación; ahora estamos esperando que llegue marzo para ver si con las clases repunta un poquito”, añadió.
En enero, según el Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato Di Tella, las expectativas de los argentinos sobre su situación económica personal y sobre la evolución de la macroeconomía (que forman parte del Índice de Confianza del Consumidor) empeoraron frente al mismo mes del año anterior. Guido Sandleris, director del CIF, dice que cuando las expectativas no son favorables la gente procura gastar menos. Sin embargo, cree que la falta de opciones de ahorro para cubrirse de la inflación y el congelamiento de precios en supermercados -que puede mover a algunos a adelantar compras- pueden impulsar el gasto. Cree, de todos modos, que este año el consumo ya no será el motor de la economía.
Ya se mencionan recortes en gastos menos superfluos, como comida o ropa. Uno de los que dejó su comentario, resumió el sentir de varios: “A mí me sobra mucho mes al final del sueldo”.