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En una nueva jornada por el juicio que se sigue contra el ex juez federal, testigos no aportaron demasiados detalles de las nueve causas que se le imputan.

José Antonio Fernández Martínez, quien se desempeñaba en el Juzgado Federal de Orán hasta noviembre del 2017, dijo frente al Tribunal Oral Federal que el ex juez era docente, sin embargo algunos empleados iban a dictar clases a ese escuadrón, indicó Nuevo Diario.

Este dato se conoció ayer, en la audiencia en la que además se escucharon otros testimonios. Uno de una empleada, aportada por la defensa de Reynoso, Sara Bulacio, un gendarme, que cumplía funciones en el Juzgado Federal de Orán y un abogado Héctor Hugo Velástequi.

Si bien la docencia es la única actividad extra que pueden ejercer los jueces, Reynoso mandaba a empleados a que cumplan con esa responsabilidad, yendo luego durante el horario de clases, a “controlar” que se encontraban en el lugar.

A primera hora se escuchó a Sara Bulacio, quien en un relato dirigido a recordar, detalló que es prima de la esposa de Reynoso y que ingresó al juzgado  buscando una mejora laboral y por propuesta del ex juez.

Su función era administrativa, relató que una vez el ex juez les organizó un viaje a las mujeres del juzgado para que vayan a Salvador Mazza, y luego crucen a Bolivia de compras.

En un extenso relato, de una hora más o menos, sin detalles que acerquen luz sobre alguna de las 9 causas que dejaron al ex juez en el banquillo de los acusados, a otros cuatro abogados, a dos empleados del juzgado y la hermana de uno de ellos, Bulacio contó el trato que brindaba a los empleados.

“Yo lo tomaba como broma porque algunas veces, a los muchachos les decía frases que terminaban…como gatos  revoleados”, dijo la mujer que trató de mostrar una imagen afable del ex juez sin embargo poco aportó en ese sentido.

 

Móviles para el traslado de droga

Luego fue el turno del cabo Javier Omar Santander, quien cumplía funciones dentro del Juzgado de Orán, dejó sentado que jamás escuchó que hubiera dificultades para conseguir móviles que permitieran el traslado de droga de los secuestros.

Esta consulta de la querella que ejerce Carlos Garmendia, relacionada con las autorizaciones que el ex juez había dictado para que los automóviles particulares de Julio Aparicio y Miguel Ángel Saavedra, efectuaran esos traslados.

El abogado Velástequi, amigo de Reynoso, contó que sus llegadas al juzgado en once años fueron muy esporádicas, ya que sólo tramitó en ese tiempo cuatro causas, es decir que desconocía a muchos de los empleados. Sólo hizo referencia a los rumores que en Orán hablaban de las coimas por libertades, pero que nada de eso le constaba.