El mundo es la primera referencia de Argentina en 2019. Lo es por la alta dependencia de la deuda. Por esta razón, el riesgo país es el indicador más relevante, incluso para el futuro de la política.


Por Rosendo Fraga  para Clarín

Ante todo, lo que suceda con la llamada “guerra comercial” entre EEUU y China será determinante. Si se agrava, toda la economía mundial se complicará; si se atenúa, sucederá lo contrario.También hay hechos puramente políticos que incidirán y mayo será el mes clave. A fines de ese mes, se realizan las elecciones al Parlamento Europeo, que son simultáneamente en los 27 países que lo integran. Cuánto avance o no el nacionalismo xenófobo en ellas, será determinante para la estabilidad, tanto política como económica de Europa. Pero el mismo mes, hay elecciones generales en India, la democracia más grande del mundo ya que votan 800 millones de personas, y en Sudáfrica, un país emergente relevante de África.

 

Pasando a América Latina, en el primer semestre del año, se realizan elecciones presidenciales en tres países de América Central: el Salvador, Panamá y Guatemala. Entrado el año, en octubre, eligen Presidente Argentina, Uruguay y Bolivia. Las tres elecciones, parecen planteadas diez meses antes, entre centro-izquierda y centro-derecha. Pero lo que suceda con López Obrador en México y con Bolsonaro en Brasil marcarán el rumbo político de la región a lo largo del año. Gobernabilidad, crecimiento económico y procesos electorales, estarán influidos por la llegada al poder de estos líderes que gobiernan países que, en conjunto, representan dos tercios de la región.

En Argentina, el proceso electoral será la clave política y su resultado diseñará el escenario político para el período 2019-2023. Mayo es un mes clave, porque entonces se definirán los espacios o alternativas y los candidatos. Es que el 12 de junio vence el plazo para presentar las alianzas y el 22 para oficializar candidatos. Es decir que en cinco meses se definirá una parte importante del escenario político de 2019: quiénes competirán, en cuanto a alternativas y candidaturas.

 

En cinco meses muchas cosas pueden cambiar, pero parece claro que tanto el Kirchnerismo como Cambiemos se encaminan a ser las principales opciones. El llamado “Peronismo Alternativo” competirá, pero la cuestión es si podrá romper la polarización. Hoy aparece como el espacio con menos posibilidades de las tres de llegar a la segunda vuelta, pero de hacerlo es la tiene más posibilidades de ganar. Es que nadie del kirchnerismo en una segunda vuelta optaría por Cambiemos y nadie esta fuerza votaría a un candidato del primero.

Las figuras que se mueven en los márgenes de la política, aunque no pueden llegar a la segunda vuelta, pueden incidir en restar votos a determinados candidatos (Olmedo, Espert, la izquierda). Pero mientras tanto, entre marzo y junio se realizan elecciones provinciales en 17 provincias, la mitad de ellas ya con fecha precisa. Sólo una (Mendoza), pertenece al oficialismo. Estos comicios, no anticipan resultado nacional, pero crean “clima” político y ello puede no favorece al oficialismo. En este marco, la posibilidad que la provincia de Buenos Aires adelante su elección provincial, es una iniciativa peligrosa para el oficialismo, que sería definida en marzo.

La economía será una variable clave como en cualquier elección. Nadie pronostica que crecerá en promedio en 2019. Pero el oficialismo apuesta a que tenga lugar una fuerte caída en el primer trimestre, terminando el año con una moderada recuperación en el último, que es cuando se vota en el ámbito nacional.

La cuestión es si ello se percibirá en la sociedad en variables como la pobreza y el empleo. La polarización Macri-Cristina puede favorecer al oficialismo en términos electorales, pero también puede demorar la ansiada recuperación.

 

La situación social es un imponderable; es decir, algo más difícil de calcular que la economía. Funciona con la teoría del “resorte”. Acumula tensiones y estas pueden hacer eclosión en forma imprevista. Aunque la situación mejorara hacia fines de año, se habrán sumado media docena de trimestres con efectos negativos.

El sector social que seguramente definirá la elección es la clase media baja. La media-media y la alta, volverán a votar por Cambiemos aunque la economía esté muy mal. Los sectores de menores ingresos, votarán nuevamente por el Peronismo, aunque reciban planes sociales y accedan a comedores comunitarios. Es la clase media baja,- cerca de un tercio de la población total,- la que definirá la elección, ya que puede votar a una u otra dirección.

La Justicia tendrá protagonismo. La relación del Ejecutivo y la Corte seguirá siendo compleja. Algunos jueces, calcularán sus pasos mirando la incertidumbre político-electoral. Tendrán lugar varios juicios públicos por corrupción, en los cuales Cristina Kirchner será la acusada. El fuero protegerá su libertad, pero los efectos electorales pueden ser otra cosa.

El 11 de agosto serán la PASO, que suelen ser como una “pre-elección”; el 27 de octubre, la primera vuelta y el 24 de noviembre, la segunda, si la hubiera.

Diez meses antes de la elección, lo que sucedió en el Reino Unido con el Brexit, en los EE.UU. con el triunfo de Trump, en Francia con la victoria de Macron, en Italia con el surgimiento de la “anti-política” y en Brasil con Bolsonaro, no era lo que se esperaba. Es decir, la foto de hoy puede no ser la película de mañana.