No era lo que podía imaginarse hasta hace solo un mes. Pero, en algún sentido, el año está a punto de terminar como el Gobierno soñó a comienzos de 2018. Los temas sociales dominan la agenda pública y desplazan la atención de las cuestiones económicas y las disputas políticas. Aunque no falten temas para preocuparse en esos terrenos. Paradojas de un país espasmódico.


¿El Gobierno ante el fin de año soñado, pero menos imaginado?


Como en febrero, cuando los pañuelos verdes empezaron a copar las plazas y llevaron a habilitar el debate sobre la legalización del aborto legal, diciembre aparece con la sociedad atravesada por la cuestión de género. Se trata de una parábola que une el principio y el fin del año, trazada por la sociedad, mejor dicho por las mujeres, y no por la política, que casi siempre ha estado corriendo por detrás de los acontecimientos. No solo en estos temas.

El problema es que, como diría Mauricio Macri, en el medio “pasaron cosas”, demasiadas cosas. Y en ese plano el año no termina de la manera en que soñó y prometió el oficialismo, sino más lejos y más abajo de lo esperado. Aunque, según surge de las encuestas, una parte de la sociedad recuperó cierta ilusión y ve la coyuntura actual bastante mejor de lo que en algún momento temió. Todo es cuestión de perspectivas: desde la terapia intensiva, la sala de rehabilitación parece un spa.

Eso podría explicar las imágenes de la última semana en las que se ha visto al núcleo duro del oficialismo bailando y cantando otra vez “borombombón, borombombón, para Mauricio la reelección”. Escenas sobre un piso de cristal, pero un piso al fin y al cabo. No es poco.

Nadie duda de que todo es frágil, pero para Marcos Peña y Jaime Durán Barba el rebote de las encuestas después del G-20 es suficiente para tomar impulso y prometer que en 2019 se concretará el proyecto reeleccionista que hasta hace nada parecía en duda. Así se lo hicieron saber a todo Cambiemos, especialmente a aquellos dirigentes preocupados por los indicadores económicos, que siguen dando malas noticias, por la sucesión de acontecimientos judiciales poco favorables para el oficialismo y por la agudización de la polarización que mantiene al kirchnerismo con reales posibilidades electorales, para espanto de los mercados, de los que tanto depende el Gobierno.

Como advierten los expertos en opinión pública, falta aún ver si las encuestas se estabilizarán en un índice similar al de hoy en los próximos dos meses. Esa será la medida real de la recuperación, aunque parece corroborarse la hipótesis de que después de 2001 la sociedad reconoce a los gobiernos que no sucumben a las crisis. El kirchnerismo es un ejemplo. Más de una mandato sin crecimiento económico y con indicadores sociales en retroceso no le impidieron ser competitivo electoralmente, aun en su final de ciclo.

 

Por eso, mucho dependerá de lo que ocurra con la economía o, mejor dicho, de lo que no ocurra. Todo lo demás, dicen en la Casa Rosada, solo le importa al famoso “círculo rojo”. En ese “demás” se inscribe un aparente cambio de tendencia en el Poder Judicial, donde abundaron en los últimos días decisiones que incomodaron al Gobierno y pueden incomodarlo aún más. ¿Tiempo de revancha o aprovechamiento de cierta debilidad?

Es el caso del fallo de la Corte sobre la fórmula de actualización de las jubilaciones, que se espera contrario a los deseos oficialistas y saldría mañana, si es que no media nada que lo vuelva a demorar. Cierto es que no tendría un impacto inmediato en la opinión pública, sino en las cuentas del Tesoro, con su efecto sobre la economía, pero, al final, eso siempre llega a las encuestas.

En el Gobierno contrarrestan los malos pensamientos con realidades inmediatas. Los inquietantes índices de pobreza e inflación divulgados la semana que pasó, más un nuevo salto en la cotización del dólar y el riesgo país tocando otro máximo, hubieran causado estrépito en otro contexto. Pero las denuncias por los casos de abuso sexual y violencia de género tuvieron el estruendo suficiente para que los crujidos de la economía no se proyectaran más allá del círculo más informado.

La expectativa oficialista es que a partir de ahora empiece un rebote como el de las encuestas. La discusión es de qué magnitud será, si es que llega, y cuánto impactará en las decisiones del electorado.

Los oficialistas más optimistas afirman que la caída ya tocó su punto más bajo y dibujan perspectivas de crecimiento con la forma de una V, cuyo lado, dicen, empezará a ascender de manera más cercana a la vertical a partir del tercer trimestre de 2019. En este espacio está todo el equipo económico del Gobierno, cuyo optimismo no alteraron recientes episodios de zozobra mediática.

En el oficialismo hay sectores más pesimistas que hablan de una U, de base muy amplia, o de una U inconclusa que podría mostrar algún leve repunte, pero que no pasaría de márgenes bastante acotados. Algunos de los economistas que adscriben a este pronóstico siguen siendo escuchados por Macri, aunque con menos frecuencia.

Los analistas de la oposición más moderada trazan una L. Admiten que la caída se está frenando, pero sostienen que el piso no se va a elevar y la actividad se va a arrastrar por esa base. Y hasta podría tener otro sacudón. La variable electoral empieza a ocupar un lugar relevante en las hipótesis en discusión.

 

La consolidación de la polarización macrismo versus cristinismo es un escenario político con el que el Gobierno parece sentirse a gusto para fortalecer sus chances de cara a la reelección sin depender tanto de la situación económica. Pero el antídoto se hace con el veneno y todo depende de la dosis.

Varios analistas y operadores del mundo de los negocios advierten que si en mayo las encuestas mostraran a Cristina con muchas posibilidades de volver a la presidencia, con el mismo discurso radicalizado que han mostrado hasta ahora ella y sus economistas preferidos, podrían alimentarse temores de los mercados y fortalecerse la decisión de inversores y ahorristas de buscar refugios más seguros que los que ofrece la plaza local en sus más diversas variantes. Es una hipótesis.

En la oposición más dura abundan los que no solo pronostican, sino que también agitan un escenario de esa naturaleza para acrecentar sus chances, a riesgo de inquietantes consecuencias. Eterna disputa entre la ambición de poder y la responsabilidad. Puede ser una táctica arriesgada y contraproducente para quienes hagan de la falta de prudencia el eje de su campaña. La piel de la sociedad todavía tiene registro de lo que provocaron los incendiarios y los impacientes en un pasado no tan lejano.

En este contexto, no es solo una expresión de buenos deseos para las Fiestas lo que se le ha escuchado decir a Marcos Peña en estos días: “Hay que cerrar el año, abrazar a la gente y agradecerle por su aguante”.

Todos en la Casa Rosada ruegan para que la calma de la primera quincena de diciembre se mantenga en la segunda y 2018 se vaya sin más ruido. Dados la situación económico-social y los antecedentes de otros diciembres, sería un sueño cumplido.

 

El carácter de los temas que el Congreso tratará en extraordinarias está muy lejos de las iniciativas de reforma previsional y fiscal que incendiaron la calle en diciembre de 2017. Hoy manda la agenda social, que incluye la ley antibarrabravas.