Las claves para que los chicos disfruten el momento de la comida


jueves 11 de octubre de 2018 –
7:58 am

Una de las mayores preocupaciones de los padres es la alimentación de sus hijos. Queremos que crezcan sanos, coman de todo y lo hagan de manera saludable. Pero, ¿qué ocurre cuando nuestro niño se niega a comer días tras día, o consideramos que lo que come no es suficiente?

Si realmente estamos preocupados, lo mejor es concertar una cita con el pediatra para que valore si existe algún problema de salud detrás de esa inapetencia. Pero si el médico nos dice que todo es normal y su crecimiento sigue estando dentro de su percentil, no habrá motivo de preocupación. Entonces, ¿qué podemos hacer?

Respetar y entender al niño

Una vez descartado cualquier problema de salud, es importante que hagamos el ejercicio de intentar comprender a nuestro hijo, y no tomarnos su falta de apetito o rechazo a comer como algo personal.

 

Para ello, es aconsejable ponernos en su lugar y pensar que si a nosotros, como adultos, hay rachas en las que tenemos más apetito que otras, y alimentos que nos gustan más que otros, ¿por qué no habría de ocurrirle lo mismo a los niños?

Además, es importante saber que conforme van creciendo también varían sus necesidades energéticas. De este modo, cuando entran en una etapa de crecimiento lento lo normal es que su apetito descienda. Así mismo, a partir de los dos años muchos niños entran también en una fase (completamente normal) llamada neofobia, que les lleva a rechazar alimentos que antes tomaban o a negarse a probar cosas nuevas.

Ofrecerle todo tipo de alimentos y no desistir si algo no le gusta

 

Una vez descartado cualquier problema y hecho el ejercicio de entender y respetar al niño, comencemos por ofrecerle todo tipo de alimentos, huyendo de las dietas monótonas. En este sentido, recordemos la importancia que tiene la alimentación del bebé en su primer año de vida, pues está demostrado que los patrones alimenticios que siga el niño en sus primeros meses, persistirán en su cerebro durante bastante tiempo.

Así pues, desde que comience la alimentación complementaria, procuremos ofrecer al niño (casi) cualquier alimento, enmarcado dentro de una dieta variada y saludable. Además, no debés caer en el error de dejar de ofrecer a tu hijo aquello que a vos no te gusta.

Por otro lado, y aunque los niños se nieguen por sistema a probar nuevos alimentos, es importante no desistir, y seguir ofreciéndoselos de forma paciente y sin forzar, hasta que poco a poco vaya llegando su aceptación. Según los expertos, el niño podría empezar a aceptar el alimento tras haberlo probado entre 10 y 15 veces.

Comer en familia y en un ambiente agradable

Compartir la mesa en familia es fundamental para inculcar buenos hábitos alimentarios. El ejemplo de los padres y la educación nutricional que se realiza en la mesa juega un papel muy importante a la hora de educar a nuestros hijos y crear un ambiente positivo.

El momento de la comida debe ser agradable, sin prisas y sin interferencias. Bien sentados en la mesa, los padres enseñaremos a los niños a comer despacio, masticar bien y disfrutar de la comida.

Y si nuestro hijo no quiere comer, evitemos convertir el momento de sentarnos a la mesa en un problema. Dejemos el estrés y la ansiedad a un lado, y no caigamos en los gritos, llantos y discusiones, que lo único que conseguirán será agobiarles aún más.

No forzar, ni engañar, ni chantajear

Numerosos estudios han determinado que forzar a los niños a comer es contraproducente, pues no sólo no ayuda a que la alimentación selectiva se reduzca, sino que podría ocasionar el efecto contrario, y provocar un mayor rechazo.

Utilizar técnicas de entretenimiento o engaños para que abran la boca de manera autómata sin prestar atención a lo que están comiendo: por ejemplo, mientras les hacemos trucos de magia, les ponemos el chupete para obligarles a tragar, hacemos el avioncito o les entretenemos con otras historias.

Chantajearles o amenazarles, con frases del estilo: “si no comés no vas al cine”, “hasta que no comas tres cucharadas más, no te levantas de la mesa”, “tenés que comer para que los Reyes Magos te traigan muchos regalos”…

Fuera pantallas a la hora de la comida

Un móvil o una tablet interfiriendo a la hora de comer es contraproducente para los más pequeños, por más divertido que sea lo que proyecte. Recordemos que la Academia Americana de Pediatría sugiere evitar la exposición de los bebés de hasta 18 meses a las pantallas, y añade que el uso de dispositivos antes de los dos años podría retrasar el desarrollo del habla en los niños.

No usar alimentos como premios, ni castigos

El alimento nunca debe ser un premio ni un castigo, es decir, no debemos premiar con chucherías la ingesta de pescado, por ejemplo, ni obligar al niño a tomarse un plato de brócoli si no nos ha obedecido en otros aspectos.

Haciendo esto, el niño asociará inconscientemente la ingesta de determinados alimentos a algo sacrificado, feo y desagradable. Además, estaremos contribuyendo a aumentar el consumo de azúcar en su dieta al utilizar las chucherías como recompensa o postre.

El peligro de usar la comida menos saludable como premio

A la hora de comenzar con la alimentación complementaria, aprovechemos la curiosidad innata que tienen los bebés para explorar, experimentar e imitar a los adultos poniendo en práctica la alimentación autorregulada o Baby Led Weaning. De esta forma, el niño entrará en contacto con los alimentos de forma autónoma, y aceptará mejor sus diferentes sabores y texturas.

Mezclar en un plato alimentos que le gustan con los que no

Si por ejemplo, a nuestro hijo no le gustan las verduras, tratemos de combinarlas en el mismo plato con otros alimentos que sí acepten de buen grado. De este modo, es más fácil conseguir que las vayan incorporando a su dieta. No se trata de camuflar el alimento que rechazan, sino de presentárselo de forma agradable o combinarlo con otros ingredientes que le gusten más.

Platos grandes, menos comida

Si a un niño al que le cuesta comer, le ponemos delante un plato rebosante de comida, es fácil que llegue a agobiarse. Por eso es preferible ofrecer una ración más pequeña y que el niño repita si se queda con hambre, que ofrecer de inicio gran cantidad de comida.

También podemos recurrir al truco de presentarle la comida en un plato o bandeja grande, de manera que visualmente el niño piense que la ración que tiene delante es más pequeña de lo que en realidad es.

La comida entra por los ojos

No se trata de hacer de cada plato una obra de arte, pero es importante recordar que la comida entra por los ojos por lo que una presentación atractiva de los alimentos puede convertirse en nuestro mejor aliado.

A veces basta con utilizar una vajilla con dibujos que motiven al niño, distribuir la comida por colores, presentar un plato variado con distintos tipos de alimentos, y jugar con la colocación de los ingredientes dentro del plato.

No acompañar las comidas con leche

La leche es muy importante en la dieta de los niños, pero no debemos olvidar que no se trata de una bebida sin más, sino de un alimento que aporta múltiples nutrientes y grasas.

Por ello, si ofrecemos al niño un vaso de leche antes de las comidas, o utilizamos la leche como bebida mientras comen o cenan, su apetito disminuirá y dejarán de consumir otros alimentos.

Planificar el menú, comprar y cocinar con ellos

Una forma de hacer entrar al niño en contacto con los alimentos de manera saludable es involucrarlos en todo el proceso: desde la planificación del menú familiar, hasta la adquisición de los alimentos en el supermercado y su posterior cocinado.

Cocinar con los niños está de moda, ¿también en casa?

De este modo, podemos pedir a nuestro hijo que nos aporte alguna sugerencia para el menú, y nos acompañe a hacer la compra. Dejémosle que, por ejemplo, elija las verduras que desea tomar, las pese en la báscula y las meta dentro del cesto.

Una vez en casa, animaremos al niño a cocinar con nosotros los alimentos que hemos comprado. Esto generará en ellos una gran curiosidad, aumentarán sus expectativas y se sentirán orgullosos de su aportación.

¿Jarabes para abrir el apetito?

Ante la inapetencia de los niños a la hora de comer, muchos padres pueden pensar que la solución pasaría por ofrecerles un jarabe para abrir el apetito. Pero según podemos leer en este documento de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, este tipo de fármacos no está recomendado:

“En realidad no existen fármacos cuyo efecto sea aumentar el apetito. Moléculas como ciproheptadina o pizotifeno en realidad son sustancias que tienen como efecto secundario el incremento del apetito. Ninguna de las dos ha demostrado su utilidad y pueden producir otros efectos secundarios”

Si el pediatra no lo recomienda, tampoco es necesario dar a nuestros hijos un complejo multivitamínico, pues el exceso de vitaminas en la dieta puede ser contraproducente. En niños sanos, basta con ofrecer una alimentación saludable y variada, y no olvidar la práctica diaria de ejercicio físico al aire libre.

Fuente: Bebés y más