“Los argentinos le tenemos miedo a la competencia, por eso los docentes no quieren ser evaluados”

“Sólo en fútbol elegimos a los 23 mejores”, dice el director del Colegio Philips, Alberto De Luca, formado en la escuela pública, pero a quien la decadencia y el afán de pelear por la excelencia convirtieron en “empresario” de la educación

“Yo no me siento discriminado por no estar en la Selección Nacional”, ironiza este docente de toda la vida, en referencia al actual berretín de los pedagogos por eliminar las calificaciones, consideradas culpables de una presunta estigmatización. “Los argentinos nos dejamos engañar desde hace 30 años por una escuela facilista, tipo club”, dijo De Luca a Infobae.

“Un país infantil”, sintetiza.

Su trayectoria es peculiar porque, sin ser en absoluto partidario de la educación privada, fue llevado por las circunstancias a diseñar e impulsar su propio –y exitoso- proyecto educativo. Tras más de 20 años de docencia en escuelas públicas de todos los niveles, terminó fundando y dirigiendo un colegio técnico secundario de excelencia, en el cual logra escapar un poco del caos que afecta hoy a todo el sistema.

Pero, como se verá, los tentáculos de la decadencia son muy largos y alcanzan hasta los últimos bastiones de la disciplina académica, el clima de estudios, la prioridad al saber y la exigencia.

-¿Cómo describiría la situación de la educación en general?

Es caótica. El secundario es el que está en peor situación. Pero la formación docente para la primaria es deficitaria también, y no sólo en lo didáctico, sino en los contenidos. Se pone todo el acento en el marco teórico. Se matan haciendo unos diseños curriculares bárbaros, pero muchos maestros enseñan sin conocer la totalidad de la disciplina. Siempre hubo esta clase de docentes, pero ahora es peor. No manejan los contenidos como debe ser, no tienen una visión totalizadora de lo que van a enseñar, ni el para qué… carecen por ejemplo de pensamiento lógico-matemático, de lenguaje. Y además, digan lo que digan, la Argentina está tan fracturada que casi no hay políticos o empresarios que manden a sus hijos a la escuela del Estado.

-¿Está cuestionada la relación maestro-alumno?

Se perdió la jerarquía porque hay una anomia general que también llegó a la escuela. Hoy lo que se ve es falta de límites. La educación la constituyen mentes que se comunican, entonces el hardware puede ser el mejor, se puede tener el mejor edificio, una gran tecnología, pero a la hora de enseñar… También se llega a esto por los padres. La familia no tiene el concepto de que estudiar es trabajar, hacer un esfuerzo. Los padres no asumen la posición de padres, quieren ser amigos de los hijos; entonces los chicos vienen de hogares sin padre: me refiero al padre simbólico, en términos freudianos. Y después el docente no puede suplir eso, poner límites, y como está cansado y sabe que el sistema hace agua por todos lados, no se preocupa demasiado y así se pierde el clima de trabajo en la escuela.

Los argentinos nos dejamos engañar desde hace 20, 30 años por una escuela facilista, tipo club, que en vez de preocuparse por los saberes, como corresponde, viene vendiendo hace tiempo que hay que interesar permanentemente al alumno; es mentira eso. El teorema de Pitágoras es muy difícil enseñárselo a un adolescente cuando está pasando por una etapa de pleno desarrollo, con otros intereses, entonces indefectiblemente la escuela requiere un clima de trabajo, de estudio, en las distintas disciplinas. Los padres no valoran eso. En las clases medias, dicen “mi hijo está bien educado” y lo único que piden es “inglés, computación y gabinete pedagógico”. Y los chicos son totalmente ignorantes. Da vergüenza el nivel tan vulgar y tan chato que se ve en todos los ambientes en las nuevas generaciones como resultado de eso.

“LOS ARGENTINOS NOS DEJAMOS ENGAÑAR DESDE HACE 30 AÑOS POR UNA ESCUELA FACILISTA, TIPO CLUB”

Esta mañana fui a tomar un café y la chica que atendía me dice “dale”… En mi escuela los alumnos no me tratan de vos, desde ya, ni yo trato de vos a los padres, aunque ellos lo hagan conmigo, porque después tengo que poner límites, marcar algo… El chico, en especial el adolescente, tiene que notar la asimetría. El profesor es profesor.

-Está de moda en la facultad estudiar los registros del lenguaje, pero no aplicarlos en la vida, ¿no? Se le habla a todo el mundo de la misma forma, en la calle, en la televisión…

Sí, y cada año les cuesta más a los chicos, porque están tan mal acostumbrados. Pero después no pueden hablar por teléfono, no pueden presentarse. Los nuevos padres –hablo de los sectores medios, desde ya- quieren ocupar su tiempo en otras cosas, paseos, deporte, entonces dejan cierto vacío en lo que es el apoyo al hijo en la escuela. La escuela a veces molesta.

En las clases sociales más bajas, suele darse el problema inverso, los docentes hacen abuso de esa asimetría, del poder que tienen, y no le enseñan al pibe todo lo que le tienen que enseñar y como no hay reclamo, porque las familias no tienen posibilidades de saber qué le tienen que enseñar al chico… Esa desidia la he visto mucho, en particular cuando estuve en una escuela cercana al albergue Warnes y la fábrica Estrella en la calle Andonaegui, hace unos 20 años, y me daba cuenta de que a algunos maestros de esos pobres chicos les importaba un rábano enseñar, les ponían un par de cuentas en el pizarrón… y listo.

Por otra parte, en las clases argentinas se pierde el 50% del tiempo en lograr cierto orden cuando el profesor está en el aula. Y eso porque falta totalmente el respeto, en esa relación algo está fallando. El sentido de autoridad se tiene que ejercer de arriba hacia abajo. Ojo que esto viene de lejos. Cuando fui director de un colegio público, a veces los pibes llegaban a hablar con el funcionario de educación y éste me convocaba a mí.

-¿Se refiere a los centros de estudiantes?

Claro, hablaban con (Daniel) Filmus antes de hablar conmigo, entonces él me llamaba… Les daban todos los espacios, e inevitablemente las normas se rompían. Los estudiantes no saben por qué pero protestan. A partir de (la gestión de Aníbal) Ibarra se puso muy difícil, porque los chicos nos venían a hablar creyendo que no vivimos los 70 y que no habíamos sido revolucionarios como ellos creen ser hoy. Se deforma la participación, ocupan espacios que no ocupan los que quieren estudiar. Era infernal, también traían a los padres de izquierda, que venían a discutir la ley de educación sin haberla leído, un país infantil.

“CUANDO FUI DIRECTOR DE SECUNDARIO, LOS PIBES SE IBAN A QUEJAR A FILMUS Y ÉSTE ME LLAMABA A MÍ”

-¿Cómo se convirtió usted en dueño y director de un colegio secundario privado?

En tiempos del primer gobierno de Perón, en la etapa de sustitución de importaciones, para suplir la necesidad de mano de obra industrial calificada, se crearon las llamadas Escuelas Privadas de Fábrica, entre ellas la de la empresa Philips; también Siam, Ford, Siemens, Mercedes Benz, etc., para la formación de mandos medios con competencias en disciplinas técnicas. Eran escuelas gratuitas que se financiaban con deducciones de impuestos.

Empecé en la escuela de Phllips como profesor, llegué a ser jefe del departamento de capacitación de la empresa y a partir de fines de los 80, principios de los 90, cuando empezó la descentralización educativa -el CONET (Consejo Nacional de Educación Técnica) se disuelve en el 93-, y además se empiezan a cerrar fábricas, prácticamente desparecieron casi todas esas escuelas de fábrica.

Yo en ese momento no estaba conforme con el sistema y el nivel de educación, que era bastante pobre tanto en públicas como en privadas. Entonces decidí hacer mi propio proyecto y armé una escuela con el nombre de Philips –por un convenio con la firma me autorizaron a usar el nombre, y tenemos pasantías, cursos de perfeccionamiento, también nos ceden equipamiento que para ellos entra en desuso-, está en Colegiales, es privada, secundaria, con una sección para técnicos electromecánicos con orientación electrónica, y otro Bachillerato en Administración de Empresas.

-¿Se financian sólo con las cuotas?

Sí, es duro, pero sobrevivimos al 2001… Nunca hemos tenido aporte estatal, ni otro, hemos tratado de ser lo más eficientes posible en todo: personal, insumos… A veces cuesta invertir; la parte de computación hoy en día no es tan cara, pero sí la maquinaria, la automatización.

Es decir que, a partir de 1991, me convertí en un, entre comillas, empresario de la educación. Sin dejar nunca de ser un maestro y un profesor. Me recibí de maestro en el Mariano Acosta y después hice el profesorado de Física y Matemática y trabajé como maestro y como profesor. También hice en la UTN un profesorado de disciplinas industriales y técnicas. Y una licenciatura en gestión educativa. Yo soy del campo de batalla, trabajo más para el adentro que para el afuera. Y conozco todos los niveles y ámbitos. En la primaria trabajé casi diez años, de 1967 a 1975.

-Con reformas como las de la provincia de Buenos Aires, eliminando aplazos, y con los planes Fines [que facilitan completar el secundario], ¿no se está institucionalizando la desidia?

Yo comprendo el plan Fines en zonas de Salta, Formosa, donde el chico tiene la escuela a muchos kilómetros y le quedaron unas materias pendientes. No lo comprendo en Buenos Aires, provincia y Capital. Es vergonzoso que (Mauricio) Macri me haga firmar a mí un título, con materias aprobadas en otro lado a través del plan Fines a muchachos y chicas que no saben nada de una asignatura…

-¿Su colegio está obligado a avalar el plan Fines?

Esto fue una decisión del Consejo Federal de Educación y la Ciudad de Buenos Aires lo aceptó. Entonces qué pasa, alumnos a los que les quedan pendientes materias, como análisis matemático o alguna técnica, que no pueden aprobar, ahora con el plan Fines van a alguna escuela –que yo conozco y sé que no tiene el mismo nivel pedagógico- donde les hacen 3 preguntas y se la dan por aprobada. Entonces vienen a la semana o a los 15 días con la materia aprobada…

-¿Y usted le tiene que dar el título?

Y sí, porque el título lo da la escuela. Yo querría agregarle al título un sello bien grande que diga “aprobado por el plan Fines y sin saber nada”, porque el día anterior no sabía nada y no pueden aprender en una semana de máquinas eléctricas… Son materias que exigen cierta competencia, porque uno está otorgando título profesional. En las actas queda constancia de que esa materia se aprobó por el plan Fines, pero en el título no lo dice. Entonces uno que dio 3 ó 4 materias por ese plan, pasa y se recibe, como otro que se esforzó estudiando y sí sabe. Y no entiendo por qué hay que hacer eso en Capital Federal, donde los chicos no tienen un impedimento espacial, geográfico, para ir a una escuela y recibirse. Esto lo hacen con el fin de aumentar una estadística de la cantidad de egresados. Y Macri ahora hace propaganda diciendo que de todo el país pueden recibirse acá… es regalar títulos. Bueno, si creemos que la educación no sirve para nada, podría ser, pero…

“LOS PLANES FINES SON PARA AUMENTAR LA ESTADÍSTICA DE EGRESADOS”

-Queda comprometido el nombre del colegio…

Sí, porque yo soy el responsable de ese título que estoy otorgando y más todavía por ser una escuela técnica. Por ejemplo, un técnico electromecánico puede hacer la instalación eléctrica de un edificio, hasta cierta potencia, de un sanatorio por ejemplo, y eso exige una serie de competencias. He visto tantas cosas de ésas en mi larga trayectoria docente que ya dejé de ir a ver a los ministros para quejarme.

-¿Tiene alguna ventaja la escuela pública sobre la privada?

El sistema es caótico en todos lados, y la privada no escapa a eso. Son caóticas ambas; la privada vende un poco más “hardware”, audiovisual, insumos, equipamiento, pero igualmente tiene fallas en la interacción docentes-alumnos, en el nivel de enseñanza y en la exigencia. El clima puede ser un poco mejor. Los padres se asustan del desorden.

Pero la escuela depende de qué concepción de país tengamos; la educación podría ser toda pública… en Finlandia. Acá hoy las diferencias sociales son tan grandes y culturalmente los chicos pertenecen a familias completamente diferentes. Cuando yo iba a la escuela, había diferencias sociales, pero entre el tipo más rico y el más pobre del barrio no había un abismo cultural, podríamos convivir. Hoy, un chico saca el revólver en la escuela…

-¿Hoy día está mal vista la exigencia, las calificaciones, tanto a alumnos como a maestros?

Se compite en todas partes, menos en la escuela. Hace 20 años, hasta vienen arruinando las escuelas de elite, como el Nacional y el Pellegrini. Mantienen el nivel en el ingreso, pero después… En la escuela privada de fábrica de Philips, que era gratuita, se presentaban 500 y entraban 36, luego de un examen de ingreso. Claro, de ahí salieron directores de la propia Phillips, CEOs de otras grandes empresas, gente que fue convocada a trabajar al exterior.

En la escuela pública hasta que yo estuve se reclutaban los maestros por un listado definido a partir del puntaje que asignan juntas de antecedentes. Y el sistema está dominado por los gremios. Yo fui rector por concurso, tenía 1800 alumnos y 350 docentes a cargo. Fue un infierno, no podía elegir vicerrector ni mi equipo.

Las Juntas evalúan los títulos, el perfeccionamiento, la antigüedad. Pero no se hace entrevista con el candidato, cae lo que viene. Tuve profesores buenos pero también tuve que bancar a cada uno….

En la privada uno puede elegir al docente y, previa indemnización, prescindir de un maestro si no encaja en el proyecto, si no se desempeña como uno espera. La escuela es la patronal; esa es una ventaja de la privada.

En la escuela pública, uno se la pasa resolviendo problemas legales, sumarios, pavadas, por la constante pelea por los cargos, las horas, etc.

En las privadas podemos tener a los alumnos más ajustados. Al que no respeta las normas, se lo manda al gabinete psicopedagógico, y si luego de eso sigue caminando sobre los pupitres, a fin de año se les explica a los padres que en el colegio no tiene más lugar. Al Colón con pantalones cortos yo no voy.

-Cada vez que se habla de evaluar escuelas y maestros, se produce un gran revuelo…

Evaluaciones a nivel maestros no se hacen de modo regular, oficial y continuo. Los gremios en la escuela pública dominan el sistema educativo. La verdad es que en los gremios hay muchos maestros que no trabajan en el terreno, que no están frente a los alumnos. El gremio es un gran problema. Como todo gremio tiene sus vicios. Y un poder muy grande para poner y sacar gente; para hacerle la cama a tal o cual director o supervisor.

En lo privado no inciden tanto. Allí se puede elegir a los docentes.

-¿Le importa la calidad educativa al gremio docente?

No. Los argentinos le tenemos miedo a la competencia. Sólo en el fútbol elegimos a los 23 mejores. Yo no soy discriminado porque no puedo jugar en la selección nacional. Pero en las escuelas los gremios no quieren evaluar porque dicen que eso es en detrimento de las escuelas pobres. En el 90-91 tuve que elegir. Salí a luchar y a competir, sin que me regalen nada, ni el Estado, ni nadie. Pero hoy nadie quiere competir. Hasta hay escuelas donde los chicos no quieren llevar la bandera porque los gastan.

f: infobae